La palabra crear resulta comprometedora. Sin embargo, me parece la más adecuada para describir la delicada misión de actualizar la identidad que compartimos si lo que hacemos es deducirla de lo múltiple y no copiarla de otra identidad. ¿Qué hace una célula al reproducir un modelo dictado por su código genético? ¿Crea? ¿Copia? Se reproduce. En ese sentido afirmo que para que la sociedad tenga o mantenga a través del tiempo un sentido al vivir, un juego deseoso en cada individuo que le impulse a actuar y compartir hechos significativos, es necesario en todo momento crear identidad. Sintetizarla de acuerdo a lo que va pasando pero con las resonancias indispensables para la economía de la vida emocional.
Estas resonancias son conceptos indispensables para la vida y me refiero a la necesidad de pertenecer, de ser distinguido, de desear y poder cumplir con nuestros deseos, de imaginar un abanico de posibilidades y tener la sensación de plenitud que nos otorga ese simple acto de preferir, de sentirnos seguros, para lo cuál es necesario que estemos comunicados y con posibilidades de reproducir nuestros cuerpos, nuestros pensamientos y nuestro espíritu. La actualización de la identidad acaba siendo un fenómeno que voluntario o no, firmado o no, es necesariamente creativo.
Hoy es necesario ordenar la obra en conceptos jerarquizados para que esta sea susceptible de circular en la sociedad. En la era de la información el arte necesita adecuarse a las nuevas dinámicas de convivencia. La forma en la que está estructurada la navegación en un sitio de internet se parece mucho a la que adoptan los artistas contemporáneos. Se explora el mundo a través de la creación artística navegando de conceptos categóricos a los subcategóricos hasta construir un cuerpo fractalizado que resulta en una entidad artística. En todo esto, la actividad misma y en especial su pragmática es en sí lo que se fractaliza y concibe un cuerpo de acciones deliberadas. Un cuerpo creado por y que expresa una ideología.
Para mi actividad hoy (2007), el concepto troncal es la identidad. Como subcategorías concibo gente, entorno y proceder. Estas tres subcategorías conceptuales se encuentran y relacionan con la parte espontánea de la sociedad, la que surge por amor o desamor, por conciencia o inconciencia. Me refiero a la identidad en el proceder que está escrito en el entorno y corresponde a cómo la gente se concibe en cada decisión, en cada acto.
Mi intención es pasar de este juego conceptual al gesto poético. La diferencia entre estas dos instancias radica en el compromiso personal. El motor de ambas es el mensaje del acto que se convierte en hecho. El acto poético al que constantemente consagro mi actividad es orientar todos mis mecanismos técnicos y analíticos a entender el problema espiritual de la convivencia de seres tan dispares e inclasificabes y a la vez pertenecientes a un asunto milagroso: estar congregados en un espacio lleno de todos nuestros intentos. Trato de entregarme en un acto honesto hecho cosa. Una obra que haga nacer un espacio en el que sea posible una visibilidad mutua que invoque al entendimiento, una entrega en mi entorno a mis prójimos. Este proceder es mi actividad artística. Me concibe y me hace crear parte de un entorno. Me dedico a crear identidad.